Nuestra voz es un nexo fundamental con los otros; nuestra principal herramienta de comunicación. Los seres humanos naturalmente hablamos y es por eso que, al comenzar con el aprendizaje del canto, partimos ya de una base: la forma en que durante nuestra vida hemos emitido nuestra voz.
La voz: un producto del cuerpo que además refleja nuestro desarrollo psíquico y espiritual. A medida que crecemos la emisión va adquiriendo características cada vez menos naturales como consecuencia de trabas físicas, emocionales y culturales. Si observamos, por ejemplo, a los niños que empiezan a hablar podremos ver que su respiración es suave y regular, lo que favorece la relajación (y viceversa); no hacen ningún esfuerzo para comunicarse desde ellos mismos.
En nuestra cultura se prioriza el modelo externo haciendo hincapié en el resultado y el producto que se obtiene. Se aprende por imitación y no por entendimiento de los procesos internos. Hoy en día esto se ve claramente en los niños y los adolescentes, quienes buscan cantar "como" los cantantes de moda dando como resultado frustraciones y patologías vocales, y a quienes los adultos no siempre estimulamos a encontrar su propia expresión.
Mi método integra técnicas orientales con los últimos avances de la Neurología, que han demostrado los mecanismos que nuestro cerebro usa para aprender. Apelando a esas técnicas logramos armar muy rápidamente circuitos neuronales que permiten un óptimo desempeño muscular, el cual se ve reflejado directamente en la calidad, potencia y dominio de las voces. Además, mejora la postura y la distribución de las energías en el cuerpo generando sensación de bienestar, mejoras en las relaciones interpersonales y, a nivel artístico, permitiendo que la expresión del canto se libere y llegue más directamente a los oyentes.
Para esto, una premisa: la ejercitación diaria. Siguiendo los ejercicios propuestos y estudiando con más inteligencia que esfuerzo, cualquier persona vocalmente sana y con un sentido melódico y armónico promedio puede completar las 20 clases en 20 semanas luego de las cuales habrá recuperado y concientizado la emisión natural de la voz que tuvo cuando era chico, lo que dará como resultado, paradójicamente, el descubrimiento de todas sus características adultas. Siendo el canto la prolongación de la voz hablada y sus bases la relajación y la respiración, no intentaremos tanto "hacer" como "dejar de hacer" todo aquello que vaya en contra de lo natural para poder ponernos en contacto con aquello que genuinamente nos pertenece: la alegría de cantar.